Dicen desde la Secretaría de Ideas y Programas del PSOE
provincial que "hay que olvidar el viejo debate que nada aporta sobre la
distinción entre prostitución libre o forzada porque olvida que el ejercicio de
la prostitución atenta contra la dignidad de las personas que lo ejercen." Y hablando
de dignidad, me ha venido a la mente una entrevista en la que una conocida
locutora de radio intentaba adoctrinar a una prostituta colombiana sobre la
merma de dignidad que suponía para su persona el ejercicio de la prostitución;
a lo que la prostituta contestó: "No, no, es al revés. Antes, cuando mi familia
y yo estábamos en la pobreza y carecíamos de las cosas básicas para vivir, era cuando
no tenía dignidad. Ahora, gracias a este oficio puedo tener una casa propia y
me he comprado un auto de segunda mano. Ahora mis hijos comen bien, visten bien
y van al colegio. Y he podido mandarle a mi mamá el dinero necesario para
tratar su enfermedad y para que se vaya a vivir a la ciudad y pueda estar cerquita del hospital. Ahora sí que
tenemos dignidad".
Pero volviendo al debate sobre la actualidad y el rigor terminológico de la expresión "prostitución forzada", hay que señalar que en el Parlamento Europeo jamás se pronuncia la palabra prostitución sin hacer la distinción entre la que es forzada y la que no lo es. En ese sentido, la eurodiputada socialista austriaca Christa Prets, miembro de la Comisión de Derechos de la Mujer del Parlamento Europeo y ponente del informe sobre tráfico humano que fue adoptado por la Eurocámara en enero de 2006, decía textualmente el pasado mes de junio: "Hay que distinguir entre prostitución y prostitución forzada, ya que esta última es un crimen contra la humanidad y debe ser castigada". En la misma línea, con motivo de la celebración del Mundial de Futbol de Alemania, se pusieron en marcha distintas campañas de sensibilización, sin que en ningún caso la palabra "prostitución" omitiera el adjetivo "forzada": "Pitazo final, alto a la prostitución forzada", del Consejo Alemán de Mujeres; "Paren la prostitución forzada" de orientación evangélica y "Tarjeta roja a la prostitución forzada", organizada por el Parlamento Europeo.
Sin embargo, este importante matiz que tienen siempre presente los socialistas europeos, es curiosamente ignorado por algunas de las personas que diseñan las políticas de igualdad en el seno de los socialistas españoles, proclamando sin ambages que toda prostitución es forzada, lo que equivale a equiparla, también en todos los casos, con la esclavitud y la trata de blancas. Sin embargo, esta posición, que es defendida por algunos cargos orgánicos en artículos, ponencias y resoluciones, entra en clara contradicción con las propuestas programáticas y las iniciativas parlamentarias del PSOE. Y es que no se sostiene que un partido que concibe toda la prostitución como forzada no ponga inmediatamente en marcha una iniciativa legislativa para modificar el Código Penal y condenar a los usuarios y consumidores de servicios sexuales, como ya ha hecho Suecia y como pretenden hacer Noruega y Finlandia. Otros países europeos como Alemania, Dinamarca, Bélgica, Italia, Holanda y Grecia han ensayado distintas formas de regulación y legalización.
Sin embargo, el PSOE, después del trabajo de la Comisión Mixta de Derechos de la Mujer puesta en marcha en el Congreso de los Diputados en 2006, asumió las conclusiones de la ponencia en el sentido de dejarlo todo como está; esto es, continuar mirando para otro lado y mantener la prostitución en la misma situación de alegalidad o limbo jurídico existente en nuestro país. Todo ello, ignorando las aportaciones y las demandas realizadas por los colectivos y asociaciones de prostitutas y por asociaciones de derechos humanos. Eso sí, se propone poner en marcha iniciativas y campañas de todo tipo, aunque en la práctica se están materializando fundamentalmente en un intento de acoso a los clientes, con instalación de cámaras públicas y vallas publicitarias. Esto, lo único que puede conseguir es convertir la prostitución en una actividad aún más sórdida e invisible de lo que ya es, pero en ningún caso logrará disminuirla. Y es que cuando el diseño de las políticas de igualdad es producto solamente del feminismo académico, raramente resisten, en su aplicación práctica, el filtro de la vida real.
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